Don Carlos - Buenos Aires
Don Carlos
Descripción
Don Carlos es un restaurante único en su tipo en Buenos Aires, ofreciendo una experiencia gastronómica inusual y emocionante. A pesar de algunas críticas sobre la falta de transparencia en los precios y las porciones, la comida es de alta calidad y merece la visita. Tanto los amantes de la carne como los vegetarianos encontrarán platos deliciosos y sorprendentes. La hospitalidad y la autenticidad de Don Carlos y su familia son destacadas, lo que hace que los comensales se sientan como en casa. Aunque no es barato, vale la pena la visita para aquellos que buscan algo especial en La Boca.
Imágenes
Evaluaciones
Sorprendidos por la lluvia en el barrio de la Boca, y casi como buscando refugio antes que restaurante, dimos con este bodegón tradicional, despojado de adornos que lo justifiquen pero pleno de sensibilidad gastronómica. El dueño, responsable hasta del nombre, es un personaje pintoresco y amable que sólo nos preguntó qué queriamos comer -carne, dijimos- y nos propuso sorprendernos con sus propias elecciones. Podíamos optar por la carta, pero qué mejor que dejarse llevar de vez en cuando, no?. El antipasto ya fue muy prometedor: empanada gallega, fainá, boconcinos de muzzarella con tomate asado, berenjenas en escabeche con olivas negras y unas croquetas de arroz crocantes y esponjosas como las de la infancia. El vino (también una elección de Carlos): San Felipe roble malbec, otro acierto. A esta altura ya se sentía como cenar en la casa de un amigo o un pariente de buen comer que te sirve apenas ve que te falta algo. Luego vino la carne: asado para dos, bife de chorizo (con dos puntos de cocción bien diferenciados) y matambrito de cerdo. Todo óptimo, por la calidad de la carne, porque la puso a la parrilla en el momento (o sea, no estaba "marcada") y porque venía barnizada sutilmente con una deliciosa salmuera que subrayaba su sabor. La última sorpresa fue el postre: sfogliatella! -de inmejorable calidad- y cheesecake con salsa de maracuyá. Luego café (bien cargado), más sfogliatella y copita de champán. ¿Qué más se puede pedir? Que no sea caro. Y no lo fue: $1.100.- todo. Lo que no tuvo precio fue la revelación. Lo dicho: a veces es bueno dejarse llevar. Y este es un lugar ideal para eso.
Una experiencia de sadomasoquismo gastronomico. Uno no puede elegir platos ni el vino ni ver los precios ya que no hay carta. Es una sucesión de degustaciones de lo que se le ocurra al personal y lo mismo es la cuenta que parece una broma de mal gusto. La comida es buena, de tipo casera, pero nada que justifique los precios de una estrella Michelin cuando no deja de ser una simple cantina de barrio sin ningún encanto especial mas que lo antes descripto. Si le gusta que lo roben, vaya sin dudar.
Lo mejor es no pedir el menú. Te van sirviendo a medida que salen los platos. No llegamos a sentarnos que ya nos estaban sirviendo!!! Un plato más rico que el otro, vas probando de todo. Papas, empanadas, carne a la parrilla, pastas, pizzas, etc... hasta que no le decís basta, los platos siguen llegando. Postres y café.Muy completo y rico! Una buena parada para recorrer la boca y la bombonera.En día de partido seguramente no haya lugar...
Dado por sus propios dueños, este bodegón busca recrear la gastronomía casera de las antiguas cantinas de Lamouth. Los platos son caseros, preparados por Marta y Carlos, según la especialidad, donde se pueden disfrutar diferentes opciones de pastas, pescados y carnes. Excelente mayonesa de atún, bife de chorizo, albóndigas y sorrentinos. ¿La originalidad? hay dos sistemas: el tradicional a la carta o el sistema 'Carlitos'. En este último, el propio dueño decide tu comida desde la entrada hasta el postre... ¡No te lo puedes perder!
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