Napicol - Meliana
Napicol
Descripción
En plena huerta valenciana brota Napicol, un refugio para amantes del arroz bien hecho y los sabores honestos. Su cocina abierta convierte cada plato en un pequeño espectáculo: paellas de escuela, arroces montañeses y pescados trabajados con técnica que ensalzan el producto local. Terraza cuidada, jardín y aparcamiento privado invitan a comidas largas en un ambiente moderno y acogedor; la bodega completa y los postres caseros rematan la experiencia. Napicol es el lugar para celebraciones familiares, escapadas gastronómicas y quien busque sabor valenciano con estilo cercano.
Imágenes
Solicitud de reserva para Napicol
Reserva en Napicol: confirma mesa en terraza y aparcamiento. Pregunta por disponibilidad y precios de pescados y arroces fuera de carta.
Reseñas
Reseñas de Napicol: elogios por paellas, producto local y terraza; críticas por servicio irregular, falta de idioma y transparencia en algunos precios.
Un corto viaje desde Valencia hacia el campo te lleva a un mundo diferente. Al llegar temprano, disfrutamos de un vino blanco fresco en el patio, soleado y con el canto de los pájaros. Una vez en el comedor, con manteles blancos impecables y un servicio clásico, pedimos un escabeche de conejo, delicado, inusual y delicioso... sobre todo con el pan de la casa, que es una auténtica maravilla. Luego compartimos un plato de callos (llamarlo guiso de callos sería una injusticia). No sé cuántas horas se cocieron a fuego lento, pero la profundidad del sabor era maravillosa, con el chorizo, el morcillo y las tripas cocinados a un punto que casi se deshacen en la lengua... La botella de José Gil estaba excepcional y maridaba a la perfección. Disfrutamos de la paella valenciana (hay que pedirla con antelación). El conejo, el pato y el pollo estaban asados a la perfección y deliciosos, aunque el arroz me pareció un poco salado. Un postre sencillo en el patio con café y otra copa de vino y tendrás una tarde perfecta. En nuestra siguiente visita comenzamos con un cava muy bueno y luego probamos las delicadas chuletas de cabrito, un guiso de tete de pimentón ahumado cocinado a fuego lento al estilo valenciano con pie de ternera y Tete de Veau, un cardo estofado delicioso que era nuevo para mí y la muy buena Pavlova con tarta de queso azul dentro y el flan cremoso que realmente era decadente... otra comida larga y maravillosa que mejoró aún más gracias al servicio cálido y profesional y al excelente vino.
La valoración global es: buena cocina, pero... De los entrantes nos han encantado los boquerones con escabeche de naranja (maravillosos), las mandonguilles de abaetxo (muy particulares, un fino rebozado y muy ligeras, pero sorprendentes). Algo menos la ensalada de alcachofas con brandada de naranja. Las tellinas muy buenas, las hemos disfrutado aunque exceso de aceite. Pero nuestro objetivo era probar la paella, que tan no buenas valoraciones habíamos recibido y leído. Somos de Valencia y normalmente no comemos paella fuera de casa, pero está vez íbamos expresamente a probarla, pues lamentable no nos ha gustado. La razón, un sabor muy intenso, parecía como si el arroz lo hubiesen cocido con un fondo muy reducido de pollo y pato, excesivamente fuerte. La verdura, escasa pero perfecta la cocción y el sabor. El pollo igual, escaso y muy bien sofrito y cocido El pato lo mismo, pero el sabor de paella típico, no lo tenía. Un buen arroz, cantidad, punto de cocción, pero no sabe a paella . No me importa pagar 25 € por la ración de paella, pero le pido que sepa a paella Lo descrito anteriormente, más un doble de cerveza, vermut blanco, rosado de Enrique Mendoza de 19 €, pan, 1 postre (muy bueno) cremaet y bombón....168 €....excesivo...muy excesivo. No me importa pagar esos precios si lo que recibo está al nivel, en esta caso y a mí juicio, no lo ha estado.
La primera vez que hemos ido a Napicol. El Ambiente genial El servicio inmejorable Amabilidad de todo el personal, inmejorable también. La comida buenísima!!! Con muchas ganas de volver
Mi experiencia en este restaurante tristemente se vio afectada gracias a la actitud y falta de atención hacia mi y mi esposo. Nos dieron una mesa justo al lado del baño (muy desagradable sentir el olor del baño cuando vas a comer) y después de suplicar dos veces que nos cambiaran de mesa, nos dijeron que NO porque todas las mesas ya estaban reservadas, sin embargo duramos dos horas (o más) en el restaurante y muchas mesas ubicadas en una mejor locación permanecieron desocupadas. La persona que nos recibió no tuvo la gentileza de ofrecernos ninguna de esas mesas. Tristemente esta actitud arruinó mi experiencia en un restaurante al cual estaba muy emocionado por conocer.
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Los fines de semana muchos clientes reservan con antelación las paellas y arroces especiales (como el arroz montañés), porque son platos estrella que se preparan por raciones limitadas según la temporada.
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